Por Miguel Jiménez
1.
Las personas gritan y chiflan y la escena se podría trasladar a un tianguis. Sólo que aquí hay aplausos, groserías y frases en doble sentido que van directo al ring blanco donde pelean los luchadores que provocan el “¡¡¡Eeeehhh!!!” del público. Y es que Stukita (técnico: máscara y pantalones azul) le aplica un nudo con espaldas planas a Pequeño Nitro (rudo: máscara negra con picos rojos y pantalones negros). Se rinde acostado en el ring, con el referee que se agacha para ver cómo está. Stukita ya festejó con sus seguidores técnicos que le aplauden. La Arena México tiene a la afición ruda expectante. Sin decir nada.
1.
Las personas gritan y chiflan y la escena se podría trasladar a un tianguis. Sólo que aquí hay aplausos, groserías y frases en doble sentido que van directo al ring blanco donde pelean los luchadores que provocan el “¡¡¡Eeeehhh!!!” del público. Y es que Stukita (técnico: máscara y pantalones azul) le aplica un nudo con espaldas planas a Pequeño Nitro (rudo: máscara negra con picos rojos y pantalones negros). Se rinde acostado en el ring, con el referee que se agacha para ver cómo está. Stukita ya festejó con sus seguidores técnicos que le aplauden. La Arena México tiene a la afición ruda expectante. Sin decir nada.
2.
“¡Pinches perros de azotea!”. “¡Juega más duro mi vieja, güey!”. “¡Mátalo: yo lo pago!”, son frases que aparecen como sonido ambiente en una voz ronca que se esfuerza por ser oída en toda la Arena México. La voz le pertenece a un treintañero de cabello corto con gel, la boca abierta y ojos pequeños dirigidos al ring. Cada que dice algo, es como si salieran las risas de un programa cómico de televisión con público en vivo. Sólo que aquí nadie le dice al público que debe reírse.
Atrás quedaron los gritos de las personas cuando los luchadores apenas y se pegaban. “¡Beeso… beeso… beeso!”, decían. “¡Puto, puto, puto!”, gritaron cuando Mercurio (rudo: sin máscara pero con colita de caballo, panzón con playera de mangas roja y pantalones azules) le chupó el pezón a Aéreo (técnico: sin máscara pero con cabello corto y pantalones azul claro). “¡¡¡Eeeehhh!!!”, fue la ovación del público rudo (antes técnico), que aplaudía al ver el festejo de los rudos por ganar la contienda. “¡Chinga tu madre!”, dijo la afición cuando el rudo Espíritu Negro -cada que dejaba en la lona a su rival técnico-, gritaba sin razón: “¡Arriba Donald Trump!”.
3.
En los pasillos de la Arena México, durante el descanso para la siguiente lucha, tres hombres fueron entrevistados. “Me gusta el ambiente. Uno se viene a distraer”, dijo Agustín ante la pregunta: ¿Qué te gusta de la lucha libre? “Es como una tradición de México: eso me gusta”, respondió el joven Alexis. “Que refleja parte de la cultura popular mexicana”, dijo el señor Héctor Pérez.
Agustín no se considera ni rudo ni técnico porque tiene luchadores favoritos que son rudos y otros que son técnicos. Alexis sí es “¡Rudo, rudo! ¡Siempre rudo!”, dijo. El señor Héctor Pérez cree que es “un poquito más técnico”. Los luchadores favoritos de Agustín son Marcela, Místico y Marco Corleone. Para Alexis, los que le han gustado “toda la vida” son Doctor Wagner y Atlantis. Al señor Héctor Pérez, actualmente le gusta mucho Místico, aunque antes le agradaba Satánico.
4.
El torneo femenil que festeja el 60 aniversario de la Arena México presenta a sus 10 luchadoras: en el bando técnico está Silueta, Marcela, Princesa Sugehit, La Vaquerita, Skadi; mientras que las rudas son Dalys, Eeuxis, Reyna Isis, La Seductora, La Comandante. Algunas llevan trajes que cubren el pecho y la cintura; otras playeras y pantalones.
El treintañero de cabello con gel y ojos pequeños hacia el ring da más frases para que el público se ría. “¡Ahora ya patense la pantufla!”, dice el treintañero. “¡Jálala de la cabellera!… ¡Y de los pelos también!”; “¡Ya se le salió la Kotex!”. Hombres y mujeres voltean hacia él y le avientan sus risas a la Arena México. Las señoras alzan su voz para que su risa resuene en la arena. Un niño de casi 7 años, piel blanca y cabello corto café también gira su cabeza y grita hacia el ring. Pero dice otras cosas.
Desde que inicia la pelea, las luchadoras ejecutan llaves que aniquilan a sus contrincantes, cayendo con la cara o espalda al ring. Sin embargo, esto es producto de que una luchadora se acerca a la otra, mientras que ésta la espera para que le haga una llave. Pronto, su rival cede y ahora ella tiene el control. La mayoría de las luchas de esta noche han sido así. (“Sus coreografías son hechas por artistas”, dijo la actriz María Conchita Alonso en el libro Sin máscara ni cabellera, de Lola Miranda Fascinetto)
Eso no impide que los aficionados recuerden –a veces viendo hacia el techo- la mejor lucha que han presenciado. Agustín señala que la suya es cuando le quitaron la máscara a “La Seductora”. Para el joven Alexis -quien lo rememora con los ojos brillando-, su mejor lucha fue la Máscara contra Máscara de Atlantis contra Último Guerrero. Para el señor Héctor García fue una que “no tuvo mucho renombre”, dice. “Fue en León, Guanajuato”, comenta. “No recuerdo con quién peleó El Vampiro Canadiense pero se lastimaron bastante. Incluso ahí tuvo que entrar Cruz Roja”.
Roland Barthes dijo en uno de sus ensayos del libro Mythologies que el espectador de la lucha libre entra en un mundo donde “Lo que importa no es lo que piensa, sino lo que ve”.
5.
“¡No te rindas, Magnum!”; “¡No sabes pelear!”; “¡Calaca tilica y flaca!”, grita el niño de 7 años y piel blanca con su voz infantil. Salta de su asiento y voltea su cabeza, riéndose y enseñando sus dientes de conejo al treintañero que provoca que la lucha libre dé mucha risa. “¡¡¿Qué, eso es el Kama Sutra?!!”; “¡¡Patéale las celulitis!!”; “¡¡Le va a dar cáncer de mamá!!”, dice él sin dejar de apuntar su mirada al ring, concentrándose en lo que ve y debe decir para que las personas se rían.
FOTO: Vivelohoy.com / OMAR ROBLES
FOTO: Vivelohoy.com / OMAR ROBLES

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